La noche de los nahuales || Benjamín M. Ramírez

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GABRIEL PIRENI: 37 AÑOS DE VIDA MISIONERA

LA NOCHE DE LOS NAHUALES

Por Benjamín M. Ramírez

«—Lula estuvo en la casa, con nosotros —relata.

Los recuerdos en la memoria se agolpan violentamente. Uno de ellos, en particular, cobra forma. Se trata de un pantalón azul marino con puntos blancos. Me lo entregó en las manos, —toma —dijo. Yo tendría alrededor de 16 años y una esperanza fuerte en el futuro.

El sábado pasado, después de casi 35 años nos volvimos a ver. Recién cumplió 37 años de sacerdocio, consagrado para las misiones “Ad Gentes”. Y lo celebró a lo grande, en su pueblo, en Peribán de Ramos, Michoacán: —imagina —me comenta.

El pasado fin de semana, sábado, me atreví a preguntarle si se encontraba en la Ciudad de México y cómo estaba su agenda de trabajo. Le comenté que me gustaría saludarlo. Quedamos en vernos en un reconocido restaurante situado sobre Madero. Me aseguró que por 5 de mayo la afluencia era menor. A las cuatro nos veríamos para tomar un café.

Gabriel Estrada Santoyo, Gabriel Pireni, es un sacerdote misionero comboniano, MCCJ. Gracias a él, el horizonte de mi vida durante la adolescencia y juventud tuvo un mejor derrotero. La pasión por la lectura, la escritura y la fotografía cobraron forma observando su trabajo, principalmente cuando acompañó al Papa en 1990, en esa visita histórica de S. S. Juan Pablo II a San Juan de los Lagos.

«— ¿Quieres ir?  —me preguntó.

En la pascua de 1989 había recibido su misiva. Fue la invitación que cambió mi vida. Para junio de ese mismo año, salí —por primera vez— de mi pueblo. A mi corta edad, —ni siquiera una sola vez— había abordado un autobús ni realizado un viaje tan prolongado.

La charla, alrededor del café, gira en torno a su actividad misionera, lo escucho admirado por lo que me expone, lo que cuenta. Le pido permiso para reproducir parte de nuestro encuentro, 34 años después.

Me explica su actividad misionera en Brasil, en la época en la que la Iglesia contaba con fuertes voces proféticas: Don Hélder Cámara, Don Pedro Casaldáliga.

«— Incluso mi obispo, asegura, fue una voz profética ante tantas injusticias que aún padece el pueblo brasileño.

El relato también es escuchado con atención por mi hija menor. Le comentó de la tristeza que la embargó cuando de camino de Morelia a la Ciudad de México pudo observar a una familia, en una barca, debajo del puente.

«— Así vivía la gente en Brasil —aduce. De ahí el famoso himno del padre Zezinho, “Oración por la familia” …

«—“Que ninguna familia se albergue debajo del puente […] —remato.

Lula Da Silva logró la transformación del país, convirtió a la nación en una economía emergente, como los tigres asiáticos. La Iglesia tuvo un papel preponderante en la formación de liderazgos cristianos que llevaron a muchos laicos a puestos de representación popular, me comenta.

«— Lula emergió de las comunidades eclesiales de base, CEBS. Imagina a un presidente que con poca instrucción escolar logra un cambio significativo para el país. Entre los logros, el dotar de vivienda a tanta gente desamparada —afirma.

Me asegura que lo que le hicieron a Lula fue una venganza del imperialismo. Lo mismo sucede en Perú, con Castillo.

Luego me expone su experiencia en Perú:

«— Uno de los problemas que atendimos y con éxito fue combatir a la prostitución infantil, gente mayor, enferma, que viene de Europa a esos lugares a buscar […] Niños y niñas, entre 3 y 12 años, víctimas de la trata, la situación contaba con la complicidad de las autoridades policiacas.

«— A veces, la propia autoridad llegaba a las tres de la mañana para llevarnos a rendir la declaración y sosteníamos nuestra denuncia.  Le decíamos a la autoridad que también ellos eran cómplices.

También me platica sobre cómo, muchos niños, lograron aprender a leer en menos de un mes con el famoso método de P. Freire, la palabra generadora. La educación es un lujo, me comenta.

Le pregunto sobre Sendero Luminoso, me indica que lo peor fue la dictadura de Fujimori, incluso peor que el terrorismo impuesto por la guerrilla de Abimael Guzmán.

«—Mucha gente desaparecida…

También me expone sobre el daño que producen los buscadores de oro, ríos contaminados por tantos químicos empleados para conseguir unas cuantas onzas del metal amarillo.

Gabriel Estrada, MCCJ, también trabajó como misionero en Bolivia, entre los mineros.

Le pregunto sobre la experiencia más difícil que ha tenido en sus años como consagrado —enfermarme, me responde.

Explica que estuvo casi cerca del año en coma, víctima de un padecimiento extraño, cuya causa, un hongo, fue descubierta en un hospital universitario en los Estados Unidos. Había aceptado su deceso como una situación incuestionable.

«—Afortunadamente pudieron encontrar la causa, desperté del coma inducido y vi a mis padres. Le comenté a Dios que no me tomara la palabra sobre la muerte.

Gabriel Estrada también trabajó en Guatemala, principalmente en la producción y desarrollo de contenidos pastorales en medios: internet, prensa, televisión y radio.

Recién escribió su libro “Risas en el cielo”, cuyo contenido arrancará más de una sonrisa, porque ni la tristeza ni el mal humor deben converger en el espíritu cristiano.

Me pide que no esté ansioso sobre la aparición de su nuevo libro. Sólo aspiro a que no transcurran otros 30 años para sostener otra charla.

Elevo una oración para que el apostolado de Gabriel Estrada Santoyo, al igual que el trabajo pastoral, de todos los consagrados, religiosos y religiosas, sea fructífero. Que Dios los bendiga y les conceda tesón en los momentos de duda y oscuridad, y que cada día sean más santos.

A MI HIJA MENOR.

Agradecido estoy con Dios por tantas bendiciones. Recién mi hija menor logró un espacio en el Instituto Politécnico Nacional, IPN.

Normalmente el cronograma operativo del Politécnico ofrece muy poco margen de maniobra para los estudiantes foráneos, principalmente para quienes radican a miles de kilómetros de la Ciudad de México.

Aprovecho este espacio para dedicarle a mi hija unas palabras.

«— Ha sido usted muy valiente.

«— No te sientas sola, Dios, Nuestro Señor, te acompañará y te protegerá siempre.

«— Ofrece a Dios los momentos más difíciles de tu demandante carrera como una oblación por tanta gente que sufre y que se encuentra sin esperanzas.

«— Sólo tú sabrás el sacrificio realizado para conseguir un determinado resultado, por mínimo que sea.

«— Si otros han podido, tú también podrás.

«— Extraño las charlas, tu presencia y compañía.

«— Ya vendrán tiempos mejores.

«— Todo es Providencia.

«— Es cierto que he regresado con los bolsillos vacíos, pero con el corazón henchido de contento.

«— Y como usted siempre dice: «— Hoy es un buen día para sonreír.

«— Éxito.

Te quiere, tu familia.

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