Transiciones || Víctor Alejandro Espinoza

Sin levadura

                         

Una crisis profunda recorre las estructuras del Partido Acción Nacional. Dos triunfos emblemáticos no fueron suficientes para consolidarse como el principal partido politico mexicano. Salvo excepciones, nunca pudo superar en número de diputados federales, senadores, gobernadores, alcaldes o diputados locales a los que tuvo el Partido Revolucionario Institucional.

Efectivamente, en 1989 el PAN obtuvo su primera gubernatura. Fue un resultado que cimbró las vetustas estructuras del sistema político mexicano. Ernesto Ruffo Appel obtuvo mayoría en las elecciones de gobernador en Baja California y con ello el PAN inició una larga lucha en un trayecto que fue descrito como “ganar las plazas locales para asaltar el cuartel general”; y cuyo momento culminante fue la elección presidencial del año 2000, con Vicente Fox abanderando el proyecto.

Las expectativas resultaron desmesuradas acerca de lo que implicaría el cambio de partido en el gobierno. Fox prometió no solo “sacar al PRI de Los Pinos” sino combatir los principales problemas de los mexicanos: corrupción, pobreza, desigualdad, violación de derechos humanos y un largo etc. En aquella elección, a pesar de la popularidad de Fox, el PAN tuvo que conformarse con 206 diputados, mientras que al PRI correspondieron 209 y 53 al PRD. Para la conformación de la Cámara de Senadores el PAN tuvo 7 escaños menos que el PRI (52 y 59, respectivamente), mientras que juntos el PRD y PT obtuvieron 17.

El desastre llegó en 2018 cuando su candidato, Ricardo Anaya, apenas obtuvo el 22.27%, mientras que Andrés Manuel López Obrador registró el 53.19%; en un lejano tercer lugar se ubicó José Antonio Meade con apenas el 16.40%. Pero de las 9 gubernaturas en disputa, solo dos ganó Acción Nacional (Puebla y Guanajuato), aunque al año siguiente en la elección extraordinaria perdería Puebla. En 2018 solo obtuvo 81 diputados  y 23 senadores. A la suma de desgracias, se debería contabilizar la salida del grupo calderonista, a partir de que la esposa de Felipe Calderón, Margarita Zavala, no fue postulada como la candidata presidencial.

En 2018, Vicente Fox apoyó públicamente al candidato priista José Antonio Meade; en 2012 se había manifestado por Enrique Peña Nieto. Retirado en su rancho  San Cristobal en Guanajuato, pretendió construir un lugar de influencia política e ideológica, vendiendo conferencias y cursos. Pero no conforme con su exilio dorado, ha decidido regresar a la vida pública y encabezar un “Frente Opositor”, “Para darle en la madre a la 4T”.

Hoy, ante la crisis de los partidos de oposición, especialmente del PAN, Vicente Fox es acogido en la Asamblea Nacional del blanquiazul en el contexto del 80 aniversario del partido. Quiere ahora sacar a AMLO de Palacio y asegura que será más fácil que derrotar al PRI. Lo que llama más la atención es que el dirigente nacional, Marko Cortés lo presente como una alternativa para liderear un amplio frente opositor. El PAN evidencia su debilidad. Vicente Fox es un politico desprestigiado, visto como un arribista por buena parte del panismo, y que se enriqueció desde el poder.

El PAN está cometiendo un grave error al comprar el falso liderazgo del politico guanajuatense, incapaz de pensar en un proyecto diferente de Nación. Como se dice coloquialmente, es un “cartucho quemado” que terminará por hundir más al partido blanquiazul. Pero lo más dramático es que el PAN no cuenta con cuadros de prestigio que le permitan recomponerse y para ello se echa mano de un individuo locuaz que ya no sorprende a nadie. Ese tipo de políticos como Fox o Diego Fernández de Cevallos para lo único que le sirven al panismo es para ponerle los últimos clavos al ataúd. Al tiempo.

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